martes, 27 de septiembre de 2011

Primeros Auxílios


Primeros auxilios pediátricos

Filed under: Material | Tags: manual digital, personal no sanitario, primeros auxilios | mayo 12th, 2011
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Éste es el primer post del Manual en formato digital sobre “Primeros Auxilios Pediátricos”. Este manual está destinado a personal NO sanitario que trabaje con niños y se basa en las últimas recomendaciones de 2010 sobre soporte vital básico pediátrico. Al ser digital, su acceso será fácil, rápido y podrá ir actualizándose conforme a los cambios acontecidos en materia de primeros auxilios. Puedes visualizar o descargar tres entregas hasta el momento. Iremos publicando a razón de uno quincenal aproximadamente. Podrás consultarlos desde la categoría Material. Esperamos tus comentarios y aportaciones.

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jueves, 22 de septiembre de 2011

La Importancia de Las Rutinas

TU HIJO NECESITA RUTINAS



Ahora que tu hijo ya es “mayorcito” y lleva un horario algo menos caótico que cuando nació, llega el momento de introducir en su vida rutinas que le faciliten la adaptación total al mundo.Esta frase del psicólogo Rudolf Driekurs resume por qué debemos establecer rutinas en la vida de los hijos: “La rutina diaria es para los niños lo que las paredes son para una casa; les da fronteras y dimensiona su vida. Ningún niño se siente cómodo en una situación en la que no sabe qué esperar. La rutina le da sensación de seguridad”.

DESCANSO, COMIDA...

Efectivamente, las rutinas transmiten al bebé la idea de que las cosas suceden una detrás de la otra, siempre de la misma manera, lo que le ayuda a predecir los acontecimientos, a preverlos y a esperarlos. Todo ello le ayuda a organizar su mundo interior y le aporta tranquilidad y confianza, lo que a su vez le facilita la adaptación a su nuevo ambiente.

El momento ideal para implantar estas rutinas es a partir de los 4 o los 6 meses (depende de cada niño), pues el pequeño ya duerme más horas seguidas y come más, lo que le permite seguir un horario menos caótico que cuando era recién nacido. Las rutinas básicas sobre las que gira la vida de un niño tan pequeño son:

El sueño. Para que tu hijo duerma “cuando tiene que hacerlo” debe aprender a distinguir el día y la noche. Le ayudarás a conseguirlo si le echas a dormir la siesta en su cochecito y dejas algo de claridad en la habitación, y por la noche le acuestas en su cuna a oscuras. Otra buena medida es ponerle una melodía tranquila, siempre la misma, para que la relacione con el acto de dormir.

La comida. Debes darle de comer siempre a las mismas horas. Así su estómago se habituará a trabajar en unos momentos concretos del día y sentirá hambre cuando llegue la hora. También conviene que le alimentes siempre en la misma habitación.

El baño. Puedes bañarle por la mañana, si el contacto con el agua le ayuda a despejarse, o por la noche, si al sentir el agua calentita sobre su cuerpo se relaja y le entra sueño. Lo importante es que lo hagas siempre en el mismo momento del día.

El paseo. Sacarle en las horas más templadas del día, un rato por la mañana y otro por la tarde, es lo ideal.

TODO SON BENEFICIOS
A las ventajas anteriores hay que añadir que las rutinas te permitirán organizarte mejor con los cuidados de tu hijo y disponer de tiempo para ti, lo que te ayudará a estar más relajada y a disfrutar más de tu pequeño.

CÓMO DEBEN SER LOS RITUALES
No existen unas rutinas “modelo” (dependen del carácter de cada niño y de cada familia). Sin embargo, sí conviene que estos rituales diarios sean:

Breves. Porque si se convierten en cadenas de actividades interminables llegan a perder su verdadero sentido.
Constantes. Porque a mayor constancia, mayor automatismo y mejor capacidad para aprenderlos y asimilarlos.
Compartidos. Para que los rituales sean efectivos, todas las personas implicadas en la educación del niño deben practicarlos de la misma manera.

BUENAS PARA LA ARMONIA FAMILIAR


Diferentes estudios sociológicos confirman que las familias que llevan una vida organizada y siguen unos horarios regulares en las actividades diarias de sus hijos discuten menos y se llevan mejor. Esto se debe a que las rutinas convierten en automáticos los momentos más difíciles (dejar de jugar para acostarse, salir del baño para cenar...), lo que contribuye a evitar discusiones y el acúmulo de tensión a lo largo del día.

Miguel Ángel Conesa. Psicólogo







domingo, 18 de septiembre de 2011

Trastorno de estres postraumático en niños y adolescentes


Un 5% de niños de pierde a uno de sus padres durante su niñez o adolescencia, y muchas veces puede ser difícil para los pediatras detectar cuando el duelo normal, por la desaparición, se convierte en algo patológico, como depresión o una adaptación inadecuada al entorno. El trastorno de estrés postraumático (TEPT) es una enfermedad real, conocida tras las guerras, pero que se hizo muy “famoso” después del 11 S. Aparece después de haber vivido situaciones  traumáticas como conflictos bélicos, huracanes, violaciones, abusos físicos, secuestros, accidentes graves, atracos, etc. La persona afectada se siente  estresada y asustada hasta bastante tiempo después de que ha pasado el peligro afectando su vida y a la gente que le rodea.

En el niño se pueden dar circunstancias algo diferentes. La exposición a una amenaza a la integridad propia o ajena la puede vivir con un intenso temor, horror y desvalimiento desproporcionado debido a que es más vulnerable o no ha desarrollado buenos mecanismos de autocontrol psíquico. Por lo tanto la percepción de amenaza o trauma es casi tan esencial o más importante que verdadero impacto del desencadenante al ser el niño menos objetivo en sus apreciaciones.

Los síntomas varían en intensidad pero causan:
  • Sentimientos de que el evento está sucediendo nuevamente acompañados de síntomas físicos como taquicardias, náuseas, vómitos y sensación de mareo
  • Dificultades para dormir o pesadillas
  • Sentimientos de soledad disminuyendo su interés por las actividades en general, presentar regresiones en sus capacidades ya adquiridas, como el habla, orinarse en la cama o presentar trastornos de conducta como interrumpir las clases para disminuir su ansiedad
  • Estados de “hiperactivación” con trastornos del sueño, irritabilidad, alerta constante, dificultades de concentración, respuestas exageradas de sobresalto y a veces, rabietas,  agresividad o explosiones de ira 
  • Sentimientos de preocupación, culpa o tristeza
En los niños menores de tres años, los síntomas más frecuentes son: mutismo, regresión (chuparse el dedo, orinarse encima), temores, pesadillas o terrores nocturnos, y la repetición a través del juego.  Los niños de edad escolar suelen presentar cambios en su afectividad y comportamiento, disminución de rendimiento escolar y abandono de las tareas domésticas en las que solían colaborar.  Los adolescentes y niños mayores suelen sentirse inseguros respecto al futuro, sus expectativas son negativas e incluso pueden llegar a cambiar su actitud frente al matrimonio, la posibilidad de tener hijos y la actividad profesional.

TEPT comienza en momentos diferentes dependiendo de la persona; pueden empezar inmediatamente después del evento traumático o aparecer más tarde con síntomas graves.




viernes, 2 de septiembre de 2011

Adaptación a la Escuela Infantil


Llegó el momento: el Rey de la casa comienza el cole y no sabemos muy bien qué pasará. En principio, le sucederá lo que a todos los seres humanos cuando se enfrentan a un cambio. Tendrá que adaptarse. Ahora sí, la manera en que exteriorizará esa adaptación dependerá en gran medida del niño y de las actuaciones de los papás.

¿Cuáles son las reacciones más comunes en el niño?
         Llanto.
         Rabietas.
         Vómitos.
         Aumento del apego hacia los padres.
         Alteraciones en alimentación y sueño.

Como decimos, en general todo niño pasará por un período de adaptación y no debemos alarmarnos pues se trata de algo pasajero y de breve duración.
Afortunadamente, con un poco de paciencia y buena voluntad, podemos ayudar al niño a afrontar este momento de manera más adaptativa:

  • Lo ideal es iniciar el período con un horario gradual (1 o 2 horas los primeros días), incrementando a medida que el niño se familiarice con la escuela.
  • Es importante una asistencia continuada para facilitar al niño su incorporación a la rutina del centro.
  • Las despedidas y las recogidas han de ser cariñosas pero breves.
  • Sería interesante permitirle que utilice los objetos de apego tanto en casa como en la escuela en estos días.
  • Sed sinceros, decidle claramente que tiene que ir al cole y que lo va a pasar fenomenal.
  • Evitad incorporar más cambios en la vida del niño durante este período (cambiar de habitación, cambiar la alimentación en casa, etc.). Vuestro pequeño ya tiene bastante con asimilar la nueva situación.


Los padres también tenéis que adaptaros a este cambio. Cuanta más información y conocimiento tengáis del centro, más fácil os resultará.


¡Mucha suerte a todos!



Clara Rubio Baudet
Psicóloga de Edu-In y maestra.

jueves, 1 de septiembre de 2011

¡¡¡Cumplimos 20 años!!!

Damos las gracias a todas las familias que a lo largo de todos estos años habéis confiado en nosotras y gracias a las que continuáis haciendo que podamos seguir cumpliendo años y desarrollando nuestra labor como el primer día, con ilusión, devoción y dedicación. 


Gracias, Gracias, Gracias



Ábaco


domingo, 21 de agosto de 2011

Las Etiquetas

"Mira que eres torpe" o "qué niña tan marimandona" o "no seas llorón" son algunas de las etiquetas en ocasiones colgamos a nuestros hijos cuando reiteran una conducta. No lo hacemos con la intención de ofender, pero si lo repetimos varias veces el niño puede sentir que lo limitan, que es de esa manera y por mucho que haga no conseguirá cambiar. Debemos animarlo y darle la oportunidad de mejorar su personalidad. 


"Trate a las personas como si fueran lo que deberían ser y las ayudará a convertirse en lo que son capaces de ser."Goethe.

La cuestión de las etiquetas es, pedagógicamente hablando, una cuestión de límites, pero en el sentido negativo de la palabra. La capacidad de aprendizaje del niño está limitada por un lado por su herencia genética y por otro por el ambiente más o menos favorable en el que se desenvuelva. Las etiquetas son límites que imponemos a nuestros hijos, casillas en las cuales deben caber y a las que deben amoldarse respondiendo a las limitadas expectativas que hemos puesto sobre ellos."¿Siempre has de ser tan tozudo?"; "¿Lo ves? Es que eres un manazas, no haces nada bien hecho"; "Deja de mirarte en el espejo de una vez, presumida". Mensajes como éstos acompañan el quehacer diario en nuestros hogares. Son aparentemente neutros, y la mayoría de veces inconscientes, pero debemos revisar si ayudamos con ellos a nuestros hijos a avanzar correctamente o si por el contrario estamos cerrando la puerta al cambio y al aprendizaje.Bernabé Tierno, en su obra Tu hijo, problemas y conflictos, reproduce un fragmento de la carta que unos padres le escriben: "Por segunda vez, ante el miedo a entregarnos las notas, porque la criatura no levanta cabeza en los estudios, mi hijo de doce años se ha marchado de casa. Hemos pasado toda la noche en vela, y cuando esta mañana ha ido mi marido a coger el coche para denunciar su desaparición, se lo ha encontrado durmiendo dentro. Hemos intentado averiguar lo que pasa, y entre todas sus angustias por ver que no puede tenernos contentos trayendo mejores notas, me ha sorprendido una frase: "Es que a mí nadie me ha dicho nunca que hago algo bien". Los mensajes que enviamos a nuestro hijo cuando nos fijamos sólo en sus errores o en sus fracasos le transmiten la idea de que no sirve para nada, o de que difícilmente logrará superar cualquier problema que se le presente.


El niño es, como todo ser humano, un ser en constante cambio y transformación. Sus capacidades adaptativas son muy grandes, pero debe encontrar un ambiente que le estimule y le aliente para el éxito. Cuando los padres resaltamos con mayor énfasis las facetas negativas de nuestro hijo, estamos yendo en contra de principios fundamentales en educación: la comprensión, el aliento y el reconocimiento del esfuerzo y de los logros.


Si en mi trabajo, una y otra vez, mi superior señala mis equivocaciones y pasa por alto mi esfuerzo y los buenos resultados en otras tareas, me sentiré desmotivada, apática frente al trabajo y probablemente sin ideas. Cuando tildamos a nuestro hijo de "vago", de "despistado" o de "fracasado" estamos haciendo mella profunda en el concepto que tiene de él mismo provocándole un sentimiento de inseguridad no sólo de sus capacidades sino de su propia valía. Los padres actuamos como modelos y como adultos de referencia para nuestros hijos. Ellos piensan: "Si mis padres dicen que siempre me olvido de todo, debe ser verdad", y entonces se cierran a la posibilidad de cambio, de mejora.


Es mucho más productivo, cuando un hijo ha cometido un error, intentar sentirnos como él. Verle como alguien que está sujeto a cambios y que, en ese proceso, el fracaso y las equivocaciones forman parte de las oportunidades de ver los propios problemas y mejorarlos. Cuando él reciba el mensaje: "Te has equivocado, pero te comprendo y aquí estoy para ayudarte", en vez de: "¡Otra vez, ya estoy harto de que no te esfuerces por cambiar!", entonces estaremos cumpliendo realmente con lo que ser padres significa: amar a nuestros hijos incondicionalmente, servirles de aliento constante y ser capaces de ver en él un ser humano sujeto a cambios, capaz de lograr lo que se proponga más allá de las dificultades.

A menudo es difícil ser capaz de mantener una actitud positiva, de comprensión y apoyo cuando una conducta negativa se manifiesta una y otra vez. Hemos de ser capaces de inventar nuevas maneras de corregir, vigilando nuestras palabras y manteniéndonos atentos a lo que realmente queremos de nuestro hijo. 


Nosotros somos los primeros que hemos de pensar que nuestro hijo puede cambiar, puede aprender. Si no es así, difícilmente reconoceremos sus pequeños esfuerzos, los logros mínimos que darán paso a logros mayores, y difícilmente encontraremos las oportunidades o situaciones en que él pueda verse de otra manera y modificar la imagen que tiene de sí mismo. En definitiva, la etiqueta que tiene adjudicada y de la que debemos conseguir que se desprenda.



© CoSqUiLLiTaS eN La PaNzA Emily Asistente en discapacidad-Acompañante terapéutica - Estimuladora temprana-Interprete de LSA.

domingo, 31 de julio de 2011

Fundamentación Neurocientífica de la Estimulación en la primera infancia


En este artículo del profesor Francisco Alberto García Sánchez, se ofrece una base neurocientífica, que respalda el trabajo de estimulación a edades tempranas. En él podremos encontrar respuesta a cuestiones como: por qué recurrir a las Neurociencias, dificultades para la demostración directa de la efectividad de la atención temprana, necesidad de encontrar una justificación indirecta, qué estudian las Neurociencias que nos pueda interesar, cómo funciona el sistema nervioso, cómo evoluciona el sistema nervioso, cómo se producen los procesos psicológico y cómo es el sistema nervioso.
Pincha aquí para leer el artículo publicado en la página web de la Universidad de Murcia.