domingo, 15 de mayo de 2011

Una Pregunta tras otra

No hace mucho que han llegado a un mundo desconocido. Y es lógico que se interroguen sobre todo lo que ven y demandan una respuesta de los adultos.
                                  
Los pequeños disparan sus preguntas sin ninguna consideración hacia nuestras diversas ignorancias. Más aún, hay preguntas que resultan un atentado a la lógica manera de pensar. Esto no significa que tengamos que apuntarnos a un curso extralaboral para estar en condiciones de responder a cada uno de sus complicados interrogantes. Simplemente, hay que procurar escucharle, prestarle verdadera atención y demostrarle que le queremos. Será la mejor de las respuestas.

Al principio fue el "¿esto qué es? ", acompañado de un dedito señalador y repetido ante cada nuevo objeto que se cruzaba en su camino. Pregunta inocente de fácil respuesta. Ahora, entre los tres y los cuatro años, la cuestión se complica para ellos y para sus padres. El niño se ha zambullido en la segunda etapa interrogadora, la de los terribles “¿por qués?. ¿Por qué la luna no baja?, ¿Por qué el osito no habla... ?” son una muestra de las mil preguntas que este infatigable curioso es capaz de formular al día. Hay que armarse de paciencia, calma y sentido del humor y encajar cada una de ellas.

Ellos tienen ahora la curiosidad y el deseo de saber, es un impulso de aprender que surge de forma natural, y es muy importante que los papás les dejen  plena libertad para hacerlo, ya que su futuro éxito como personas dependerá en gran medida, de esta primera etapa.

Este afán no tiene medida ni límites, su recién aprendido vocabulario, cada vez más rico, le permite lanzarse a la aventura de preguntar. Descubre que una pregunta no se dice igual que una afirmación, la entonación y la forma gramatical son diferentes. Además, se divierte con el mecanismo pregunta/respuesta. Es como si al formular una pregunta estuviese apretando un botón y el efecto que consigue es la respuesta. Un montón de habilidades lingüísticas a estrenar que le mantiene entusiasmado. Por esto, es importante que se les dé una contestación. La cuestión es no defraudarle con silencios o evasivas. Y hay que contestar a sus preguntas claramente, ofreciéndoles una explicación adecuada a su edad. Los razonamientos complicados no les servirán de mucho. Tampoco la información que no haya solicitado. Una explicación breve y sencilla utilizando comparaciones o ejemplos, es lo más recomendable. Aún así, no siempre entenderá totalmente lo que decimos, pero verá que le estamos tomando en serio. Además, nuestras contestaciones formarán un archivo de conocimientos que le ayudará a ampliar su vocabulario y a enriquecer su visión del mundo.

Muchas veces no será fácil responder, no sabremos qué decir más que quedarnos boquiabiertos. Pero lo fundamental es dar una respuesta, aunque sea "pues, la verdad es que no lo sé" o "lo pensaré y cuando lo sepa te lo diré".
           
Por supuesto, en ningún caso ridiculizarle sus dudas no contestarle con los tajantes "porque sí" o "porque no".

Hay momentos en los cuales sus preguntas abruman y agotan y es una utopía pretender que los papás estemos siempre en una actitud "pedagógica", con disponibilidad absoluta y buen humor. Lo que sí es razonable es mantener la línea de comunicación siempre abierta. Que el niño perciba que si, en un momento dado, sus preguntas no pueden ser contestadas, más tarde estaremos junto a él para todo lo que necesite.

Es importante saber también que a esta edad, desde los tres años, estos pequeños nos pueden hacer preguntas "verdes", fruto una vez más de su incansable curiosidad. Pero esto no debe impedir que sean contestadas correctamente; y para hacerlo debéis andar con tiempo pero sin tapujos. No debe extrañar si a esta edad se revela como una especie de ginecólogo en potencia, su conocimiento sobre las diferencias entre ambos sexos exigen ahora mayor profundidad. Así es que se lanza a la búsqueda de datos y pruebas visibles y palpables, y nunca mejor dicho. Les entra una súbita afición por hacer prácticas de anatomía comparada. Pregonan sus descubrimientos a los cuatro vientos y como buenos investigadores, buscan confirmarlo siempre que tengan la ocasión. No se trata de una obsesión sexual precoz ni de ningún tipo de perversión. Es un interés normal. Si en la familia se vive lo referente al sexo de una manera relajada, si no se considera el tema como tabú ni angustia en exceso, se responderá de una manera espontánea y sencilla a sus preguntas muchas veces indiscretas. Tanto o más que las palabras, importa la naturalidad y franqueza, que le infundirán seguridad.

Ese afán exploratorio se muestra también en el lenguaje. El niño aprende y ensaya las palabras que designan órganos genitales y las repite entre los compañeros de su edad, orgullosos de sus nuevas adquisiciones. Pero las exploraciones que más pueden sorprender a los papás son las que toman forma de juegos: los médicos, enfermeras, a papás y mamás, aunque otras veces van directamente al grano ("yo te enseño lo mío y tú me enseñas lo tuyo"). Todos estos juegos son normales; por esto, no tiene sentido culpabilizar al niño ni poner el grito en el cielo. Crearíamos en el niño un interés morboso o incluso fomentar una futura actitud negativa sobre la sexualidad.

Es un asunto de pura naturalidad. Tratan de informarse de cómo son realmente las cosas. Cuando hablamos de no castigar, asustar o no culpabilizar, tampoco estamos recomendando una total despreocupación.

Si sorprendemos al niño en juegos sexuales con otros niños, podemos decirles tranquilamente que ya hemos visto que les interesa ver cómo los niños y las niñas son distintos, sin dar al asunto mayor importancia. Además, es necesario inculcarle un sentido de los límites. Se les puede decir que hay cosas personales y que no deben hacerse en público.

Hay que inculcarles un cierto respeto por la intimidad de las personas. Por supuesto que en estos temas puede haber diferentes actitudes entre unas familias y otras, pero, lo más aconsejable es un grado moderado de inhibición en lo relacionado con el sexo. Naturalmente, junto a una buena educación sexual a medida que la edad y la demanda del niño lo requiera.

No se trata sólo de cómo manejar un episodio concreto, sino de las actitudes y valores que capten de nosotros. Pueden percibir en el ambiente ciertos mensajes confusos en torno al sexo, pero serán vuestras pautas las que les servirán de referencia. Y ya desde esta edad, empiezan a calar en ellos de una forma duradera.   

Está comprobado que los niños que crecen en una familia donde el diálogo fluye, los cuestionamientos son bienvenidos y las opiniones infantiles respetadas, desarrollan un sentido creativo y crítico ante la vida que les dará las herramientas para defenderse mejor y les hará más felices. Y no olvidemos que escuchar a los niños y decirles lo que pensamos, sentimos o sabemos, es uno de los actos de amor más valiosos que podemos ofrecerles.  




Reme Urán Moreno
Psicóloga Infantil


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